viernes, 30 de agosto de 2013

Pataletas en los niños


¿Por qué los niños hacen pataletas?


Los niños no generan pataletas con intenciones de dañar o molestar a los adultos sino que son parte de su proceso de adaptación, pero debemos entender muy bien porque las hacen.

Todo niño es el fiel reflejo de su casa, de sus padres y muestran lo que realmente les enseñan. Los niños son la consecuencia de nuestras conductas.

Y todas ellas deben estar en un equilibrio total para que logremos un Desarrollo Integral Elevado, si falla alguna de ellas estamos en un desequilibrio de áreas lo que produce una falla en el aprendizaje. Con esto quiero decir que si hemos trabajado correctamente durante los primeros años de vida en su desarrollo, enseñanza, preparación, pero fallamos en la corrección de las conductas de los niños, nada de lo que hemos hecho funcionará, porque los niños son integrales y deben permanecer en equilibrio total, nada puede fallar, nada puede desajustarse en su engranaje. Un niño es un todo, es integral.
 



 Las pataletas pueden presentarse por diferentes razones: deseos no satisfechos, formas de expresar rabia, irritabilidad como método para conseguir algo, falta de disciplina, permisividad de los padres, sobreprotección, falta de límites, indiferencia de los adultos, entre otras causas y se manifiesta en los niños de dos a cinco años de edad, en algunas ocasiones puede extenderse.

El niño solo desarrollará las pataletas en presencia de sus padres o personas que permanezcan a su lado por mucho tiempo, porque está poniendo a prueba la existencia de límites y reglas.

Los límites son fundamentales porque dan certidumbre a los niños y disminuyen la ansiedad, marcan los niveles de autoridad sin llegar a ser autoritarios, no significa castigo, ni menos golpes o maltratos

 Si cede a las exigencias, estará reforzando las pataletas, pero si las detiene nunca volverán a aparecer. Siempre se debe responder de igual manera ante situaciones similares y todos los adultos de su entorno deberán reaccionar igual.

No es posible evitar la aparición de diferentes comportamientos y no debemos sentirnos culpables por eso. Son manifestaciones de emociones que el niño debe aprender a manejar y nuestro papel es ayudarlo en esa tarea, es en resumen, una parte de su educación, es el control que se debe tener sobre los hijos, con mucho amor, pero con orden y disciplina.

Los hijos de padres excesivamente estrictos o permisivos tienden a tener más pataletas, todos los extremos son dañinos, por eso una conducta intermedia es más util porque se enseña un enfoque moderado en la disciplina. Al respecto, me parece bueno considerar límites en cosas importantes y dejar autonomía en otras áreas, o momentos en que el niño debe tener su tiempo libre. Como principio general considero beneficioso establecer pocas reglas o limitaciones sólo en aspectos fundamentales, pero ser muy consistentes con ellas.                           .

Existen tres niveles de pataletas, las cuales van en aumento e intensidad dependiendo del grado de permisividad de los padres.

1.    Primera etapa: el niño grita y se tira al suelo, suele lanzar objetos,  golpes, patadas, y todo lo que se encuentra a su alcance sin medir a quien. Es el momento de detener este comportamiento, en un tono firme y dando el mensaje que no se permitirá este tipo de conducta, se debe sentar al niño en un lugar neutro y dejarlo el tiempo suficiente para que se calme, sin dejarlo parar del sitio, y luego poder hablarle y explicarle que ese comportamiento no se permitirá. Y se debe repetir las veces que fuese necesario, pero jamás claudicar y darse por vencido ante esta situación. Aquí, es el momento de detener o cambiar un mal comportamiento.

2.    Segunda Etapa: Si no se hicieron los correctivos necesario, en el momento adecuado, el niño comienza a pegarse contra las paredes, el suelo, las mesas u objetos que estén a su alcance, llegando a lastimarse, en algunos casos graves, con el único fin de llamar la atención. Llegar a este nivel, es algo delicado, ya que considero inaceptable dejar que un niño se lastime por culpa de una mala educación.

3.    Tercera etapa: Espasmo del Sollozo. Son aquellas crisis o berrinches en que el niño se priva o deja de respirar sacando el aire de sus pulmones o deteniendo la respiración (apnea) mostrándose rígido y con un leve tono azuloso en labios y dedos (cianosis). Es un momento muy crítico, ya que el niño se desmaya y pasa por un periodo prolongado sin respirar.

Estudios demuestran que no es una enfermedad orgánica ni psíquica, ni del sistema nervioso, el Dr. Saúl Garzo Moral del Hospital Infantil de México explica: "si el espasmo del sollozo se repite durante el día se está manejando conductualmente de forma equivocada, el niño está utilizando el espasmo como forma de comunicación infantil"; si usted acude inmediatamente para evitar el llanto y reducir el número de espasmos el resultado será contrario.

Estas crisis no ponen en peligro la vida ni el desarrollo del niño, tampoco deja secuelas, pero llegar a este nivel es muy delicado y si no se puede controlar al niño o desbloquearlo podríamos entrar en una emergencia clínica.  Dependiendo del manejo que le dé, conseguirá que el niño lo haga menos frecuente hasta que desaparezca.

 En la mayoría de los casos desaparece antes de los 6 años, la mayoría de niños aprenden a manejar la situación a su favor logrando ser complacidos en sus caprichos u optan por "parar de respirar", por eso es tan importante no darle mayor atención para que el niño no lo haga intencionalmente, se recomienda sin embargo consultar con el pediatra.

La Dra. Ana Silva Figueroa Duarte en su estudio sobre el espasmo del sollozo propone como tratamiento "La extinción y reforzamiento social, considerando que la extinción es un procedimiento conductual útil para guiar la conducta y tiene un efecto duradero",

Si miramos detenidamente el problema estamos frente a un Problema de comportamiento, lo que nos lleva a hacernos una pregunta:

 
  Qué es un comportamiento normal para un niño?



















 

Es el que se ajusta, a su modo de vida, su educación, su conducta y su comportamiento, y depende directamente de sus padres. El comportamiento, puede ser un problema si no cumple con las expectativas, o las metas trazadas por los padres, y está determinado por el cumplimiento de los objetivos trazados por su familia, desde el punto de vista social, intelectual y emocional.

El niño, no es el que debe cambiar un comportamiento, él,  es la consecuencia de la educación que le brindan los padres, es el resultado de sus enseñanzas y por ende los que deben cambiar las actitudes son los mayores para obtener un buen resultado en los menores. Es imposible lograr un excelente comportamiento en los niños, si los padres, no los tienen. Por esta razón es tan difícil, modificar un mal comportamiento en los niños, porque son el resultado de sus padres.

Para algunos especialistas en la materia: “la mejor manera de frenar el comportamiento, es ignorándolo”, con lo que estoy totalmente en desacuerdo.

 En mi concepto, un mal comportamiento hay que frenarlo, detenerlo inmediatamente, es necesario que el niño reaccione  y de ser necesario utilizar el método de tiempo-fuera. Un niño es como un árbol, que debemos abonar y cuidar a diario y si se tuerce, debemos ayudarle a que permanezca recto, así debe ser nuestra vida.

Usualmente los gritos (pataletas) o los comportamientos agresivos o peligrosos, son los que necesitan éste procedimiento, los demás se deben tratar con la mayor tranquilidad y corrección apropiada, es mejor solucionar los problemas con sentido común.

Los padres pueden elegir usar el castigo físico (por ejemplo una palmada) para frenar un comportamiento inapropiado. La gran desventaja que tiene este método es que a pesar de que el castigo frena el mal comportamiento por un tiempo, no le enseña a su niño a cambiar su comportamiento. Disciplinar a su niño es realmente enseñarle a escoger buenos actuaciones, pero volvemos al inicio, primero los padres deben predicar y aplicar un correcto comportamiento para que el niño lo aprenda, y si no conoce un buen comportamiento es muy probable que repitan el mal comportamiento.

 El castigo físico nunca termina con buen final.

JULIO C. DONA